Thursday, September 14, 2006

Político

Saltas sobre el mundo y crees que puedes hacerlo temblar, pero si te descuidas acabarás debajo de los escombros porque no entiendes nada. Sueñas que todo el mundo baila al ritmo de tu música pero estás tan fuera de onda que no te das cuenta de que desafinas. Todos callan cuando entras en la habitación y miran para otro lado porque no interesas, y tus palabras están vacías, tus ideas se podrían contar con los dedos de una mano. Crees que la gente pide himnos y discursos, pero lo único que piden es que te marches lejos. Te preguntas por qué... No me verás detrás de ti agitando banderas ni jaleando mentiras, no me verás detrás de ti cantando con una voz que no es la mía. Ahora que ya no somos tan inocentes, ahora que hemos crecido, me verás frente a ti exigiendo respuestas. No, yo no tengo soluciones, y quizá no sería capaz de hacerlo mejor que tú, pero no necesito vestir de carnaval la realidad. No me da miedo mirar al vacío, no necesito que me protejas de miedos recién inventados: para hundirme me basto solo y para volar eres un lastre. Quédate en tu cárcel de marfil, sigue pensando que manejas los hilos, sigue así y no te muevas de ahí, no nos molestes más. Yo no soy ningún profeta, yo no soy ningún iluminado, ni siquiera soy alguien excepcional, sólo soy un hombre con los pies llenos de barro, pero la próxima vez que quieras venderme tu encefalograma plano procura convencerme antes de que eres mejor que yo, nunca más vuelvas a esperar que lo suponga.

Monday, July 31, 2006

Caminos

El Hombre construye grandes carreteras de asfalto para competir con el tiempo y la distancia, siempre dispuesto a demostrar que tiene la última palabra, porque el Hombre es grande y poderoso. Sin embargo el Hombre no sabe que el camino más importante no corre sobre los ríos ni atraviesa las montañas, no cruza valles ni bordea precipicios. El Hombre cree que su mirada abarca todo cuanto existe y puede ser transformado, pero sus ojos son incapaces de penetrar en su propio corazón y si lo hacen, no por mérito sino por puro azar, enseguida se apartan horrorizados del espejo que se les ha brindado, horrorizados no por su fealdad, sino por su propia humanidad. Dicen que los únicos caminos que conducen a algún lugar son invisibles... caminos de tierra y polvo, de niebla y siglos, caminos que surcan el cielo buscando estrellas que guíen nuestros pasos, caminos repletos de huellas desorientadas que nos recuerdan que no estamos solos, pero no nos dicen qué dirección tomar. Hay un anciano sentado junto a un cruce, dice tener más de dos mil años, le preguntamos a qué distancia está lo que buscamos y responde que tan sólo hay que recorrer dos vidas y media, "Mucha gente toma ese camino, pero algunos se pierden...". Nosotros no nos perdemos, sabemos a dónde vamos, conocemos una atajo para cada uno de nuestros sueños, pero cada mañana al despertar lo olvidamos todo, incluso que sabíamos a dónde queríamos ir, incluso que hay otros caminos. Pero no importa, nosotros no nos perdemos, sabemos a dónde vamoos, de día las cosas se ven de otra manera... y si nos perdemos no pasa nada, para eso están los mapas de carreteras.

Sunday, July 23, 2006

240 kms/h

A 240 kilómetros por hora las cosas pasan tan rápido que no puedes distinguirlas. Colores que se se suceden, manchas borrosas, el aire en la cara, todo el mundo se convierte en una sóla ráfaga interminable. Pero a veces desearía poder ir más despacio, poder distinguir las formas de las cosas y darles nombre, saber qué lugares visito y qué caras me sonríen, saber cuando lloras y cuándo ríes. Pero no puedo parar, tomé demasiado impulso y no tengo más remedio que seguir sólo mi camino, saber que unos ojos me esperan en algún lugar para devolverme lo que me robaron no es suficiente para que me detenga a pensar en ello un sólo instante porque, cuando pare, la vida me adelantará y una vez más correré detrás de mi sombra, igual que cuando corría detrás de tí y creía que era fuerte.
Historias que pasan ante mis ojos como algo ajeno, pero el protagonista siempre soy yo. Ya no se si es el mundo o es mi vida la que gira a mi alrededor como un torbellino que me empuja lejos, siempre lejos, más allá de mí, como si fuera el único camino para seguir respirando. Canciones diferentes con la misma música y una voz rota que le grita al silencio. Escritura invisible, pájaros electrocutados, hay algo que se nos escapa, algo que perdimos sin darnos cuenta, la confianza o la inocencia. Todo lo que pudimos hacer es poco comparado con lo que hemos hecho, y sin embargo algún día nos pedirán cuentas por las oportunidades perdidas y diremos que sólo pensábamos en nosotros mismos. A 240 kms/h las palabras se parten y estallan en mil sonidos ininteligibles antes de llegar a cualquier oído cuerdo, por eso nadie nos entiende. El día que nos estrellemos alguien recogerá nuestros sueños y hará con ellos hermosas canciones... todo el mundo se emocionará, pero antes tendremos que estrellarnos a 240 kms/h para no estropear el estribillo.

Atocha, 8:27 a.m.

Llevas una hora sentado en uno de los bancos del andén de la vía 2 sin decidirte a tomar ningún tren, supones que perdiendo el tiempo o quizá pensando cómo recuperarlo. La vida se despereza ante tus ojos y ambos os contemplais con absoluta indiferencia (ocurre a veces, como si ninguno de los dos fuera lo que el otro espera, como si la decepción fuese mutua, aunque esta vez es sólo el sueño).

Ves pasar los trenes: unos llenos, otros vacíos, ¿cómo saber cuál es el tuyo si no tienes ningún sitio a donde ir?. Se paran y todo el mundo se aprieta ante las puertas, esperando el momento en que se abran para subir o bajar entre empujones y miradas que te atraviesan sin verte mienras luchan por un sitio. Unos van a trabajar, otros vuelven a casa, algunos simplemente están, como si eso ya fuese bastante. Alguien se ha quedado dormido sobre un banco. Hombres con chalecos amarillos registran las mochilas de los estudiantes mientras ojos hundidos y desconocidos regalan miradas vacías desde el interior de los vagones que llegan y parten sin pausa. Y a nadie le importa que hace sólo unos minutos te hayas despedido de ella sin saber si volverás a verla, que te vayas de la ciudad con menos equipaje que cuando llegaste o que hayas hecho mal más cosas de las que una persona paciente sería capaz de perdonar...

En la estación nadie hace preguntas, nadie te mira porque están acostumbrados a ver a la gente más extraña y porque no les importa, porque la estación no tiene corazón, sólo tiene un gran reloj en cada andén (tu cuerpo late al ritmo que marca la aguja del segundero) y un panel que anuncia las llegadas, las salidas, los retrasos... el tiempo es una espada que pende sobre tu sonrisa helada, una sonrisa tonta que emerge desde no se sabe dónde, de algún rincón del subconsciente, quizá de algún recuerdo que pronto se hará demasiado pesado para cargar con él, una sonrisa exhausta, cansada de resistir. Tomas un tren y observas cómo te alejas y la estación se convierte en un punto insignificante allá a lo lejos. Ocupas tu asiento, cierras los ojos y sueñas que algún día ella y tú montais en el mismo tren y que el viaje no termina nunca.

La estación es un buen lugar para sentirte uno más: nadie te señalará con el dedo, nadie se preocupará de ti. Pero nunca vayas a la estación si te sientes sólo: allí hay demasiada gente.

Sunday, November 27, 2005

Navidades rojas

Alguien debió irles a los Reyes Magos con el cuento de que no había sido lo suficientemente bueno y un año más me quedé sin regalos en Navidad. Cierto que me equivoqué muchas veces, pero nadie se preguntó nunca si realmente pude haberlo hecho mejor. Si hice daño a alguien le pedí perdón, y puedo decir que siempre di más de lo que recibí, si bien es cierto que tampoco llegué a pedir nada (pensé que no hacía falta). Pero no pasa nada, en realidad ya contaba con ello. Fue una premonición, un relámpago de lucidez en medio de la habitual monotonía gris de lo cotidiano... yo diría que fue hace unos 100 años, aunque el calendario me recuerda inclemente que no ha pasado más de un año y medio (es una de esas esclavitudes invisibles a las que tan aficionadas somos las personas, el calendario... sí, es hora de hacer un inciso...).
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Se parte de la suposición de que un segundo es igual que el anterior e igual que el que le seguirá, y así un día sigue a otro como unidades homogéneas susceptibles de ser agregadas en semanas, meses, años y vaya usted a saber... pero, ¿acaso es esto cierto?. Puede ser un principio válido para asignar valores numéricos a determinados hechos y organizar flujos de acontecimientos, pero no para medir la intensidad de los recuerdos o de las experiencias porque es innegable que hay horas que pasan en apenas segundos e instantes que se hacen eternos... por eso es perfectamente posible que una persona de 20 años haya vivido ya 50...
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Retomemos el hilo del caos: ocurrió hace cien años, en una navidad como otra cualquiera, caminaba por la calle desierta a las doce de la noche, entre nieve y luces mortecinas. No recuerdo a dónde iba ni de dónde venía, sólo sé que en mi cabeza sonaba SQYTP y que de repente tuve la sensación de que aquella no era una calle de mi ciudad, sino de un lugar lejano lleno de recuerdos que aún no tenían nombres ni cara, y que no terminaba nunca: eterna como la nieve, eterna como la noche... lamenté no haber cogido ropa de abrigo. Ya sabía que podía pasar (le había cogido demasiado cariño a las noches con luna llena y a las tardes de lluvia) y la verdad es que lo prefiero, hay historias tan bonitas que a uno le da miedo pensar que puedan ser ciertas, como si la más mínima ilusión pudiera hacer que todo explotara como una pompa de jabón... es la fragilidad de las cosas más simples.

Mi almohada dice que todo esto me pasa por escribir cosas que nadie entiende. Por mi parte yo creo que he aprendido la lección, seré más humilde. Escuchadme, reyes, este año sólo os pido salud y buenos alimentos. No creo que me lo podáis negar... (podríais quedaros sin regalos)... y, si lo hicierais, despediros de las galletas y el licor (que a eso nunca decís que no). Un abrazo.

Monday, November 21, 2005

Autorretrato

Soy un hombre de otro tiempo,
un reflejo cansino de su paso circular
que muere y resucita cada veinte segundos
y hace saltar las alarmas de los aeropuertos
con los cuchillos que alguien hundió en su corazón.

No merezco vuestras cápsulas ni vuestros jarabes
ni vuestros comprimidos de orden y cordura.
No anhelo el paraíso que ganan los guerreros en la batalla
ni ése con el que saciáis la sed del pecador.

Me conformo con hilvanar las tardes con las noches
mientras me acaricia el viento que llega
como una canción infinitamente oída
y hace de mí un espectador agradecido, inerme.

Soy el niño y el viejo que en una ventana aplastan su nariz y
difuminan con vaho las miradas más tristes de la puesta de sol.
Gracias por llamarme náufrago. Gracias por amarme una vez.
Hago inventario de los días que sonreíste para mí.

J.I.Lapido